Su gente, historia y recuerdos de la panorámica al jardín unión.

En la capital Guanajuatense y de donde provienen las momias se nota siempre un cálido ambiente, a pesar de que en invierno se pueden vivir temperaturas de 0 grados (o hasta registro de aguanieve como en Marzo de 2016) los guanajuatenses siempre denotan una sonrisa y amable forma de ser que marca el pulso de esta provincia en el corazón del bajío mexicano.

Colorido por su folklor mexicano pero sobrio por su gramaje histórico, esta entidad rodeada de cerros exige una condición física de explorador para recorrer sus altas y bajas entre lomas y llanos que se aprecian desde cualquier punto del centro de la ciudad, aunque insuficiente cuando el visitante escucha la palabra “panorámica”. Una sección que se sugiere recorrer y fotografiar desde cualquier punto. Nosotros tomamos el autobús urbano que te lleva directo al Pipila, con pendientes vertiginosas hasta llegar al punto más alto y por excelencia para aprecia el primer cuadro de la ciudad y tomarnos el tiempo para apreciar la distribución de cada uno de los inmuebles históricos como si fuera tu mapa personal.

Tomando selfies, panorámicas y con la compra de un llavero con pirita para “atraer el dinero” concluyó nuestro tour al Pipila, que decidimos abandonar descubriendo camino “hacia abajo” por la subida a San Miguel desembocando en el callejón del Calvario hasta llegar a la esquina con la ya familiar calle de Sopeña, una de las arterias principales del centro histórico que nos recibió escuchando a lo lejos “Caminos de Guanajuato”. No cualquiera puede entender esta parte que nos arraiga como Guanajuatense, solo los mexicanos y los originarios del estado presumen este orgullo entre dicha canción y locación que inmortalizo a Jose Alfredo Jiménez en nuestros corazones.

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